martes, 14 de abril de 2009

Las gotas de los árboles caían al suelo cuando yo pasaba, de forma que yo me diese cuenta que estaba en la propia inundación de mis lágrimas. No me detuve exactamente a pensar en porque caían al mismo ritmo, si no en cómo caían, iban en compás con unos pasos, paré y miré hacia atrás, allí no había nadie. Seguí caminando y cuando me doy cuenta veo que las gotas van cada vez más rápido, yo me apresuraba pero las gotas caían más fuerte y más rápido. No pude contener tanto espanto asi que volví a mirar hacia atrás, seguía sin haber nadie, fue justo cuando salió el sol en el momento en el que me giré, todo paró y parecía como si sólo estuviese yo y aquel sol deslumbrante, contuve las ganas por llegar a casacy me quedé allí plantada, con una sonrisa en la cara, y el sol de frente produciendo felicidad.


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